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ANTENAS Y CÁNCER: Una vez más una joven estudiante va más allá de...

Martes 22 de marzo de 2016 · 4009 lecturas

Una vez más una joven estudiante va más allá de lo que hasta el momento han hecho las autoridades sanitarias en España. Anteriormente fueron alumnos de 4º de ESO de Gijón quienes nos dieron ejemplo: http://www.avaate.org/spip.php?article150
Olga Casanova Callau, estudiante de Bachillerato, ha finalizado en 2016 un interesante estudio sobre el incremento de las enfermedades, especialmente del cáncer, como probable consecuencia de las radiaciones de una antena de telefonía móvil instalada desde hace doce años en el pueblo donde vive: Deltebre (Tarragona)
Aunque la autora ha tratado los efectos sobre la salud de las radiaciones no ionizantes emitidas por los teléfonos móviles, fundamentalmente se ha centrado en los efectos de las antenas.

Olga reconoce que llevamos 25 años durante los que nos esconden la verdad sobre los efectos en la salud de las radiaciones de los campos electromagnéticos artificiales.

En la introducción de su trabajo explica que el motivo que le llevó a realizarlo fue el hecho de que muchos de sus vecinos pensaban que la antena de telefonía móvil alrededor de la que convivían había provocado un aumento de la incidencia de enfermedades, especialmente de cáncer.

La autora ha realizado en su trabajo un estudio epidemiológico comparativo con otro estudio alemán realizado por los científicos Horst Eger, Klaus Uwe Hagen, Brigitta Lucas y colaboradores, que fue publicado en la revista de medicina Umwelt-Medizin-gesellschaft. Este estudio reflejaba una situación análoga sobre los efectos de una antena de telefonía en una determinada población. El estudio alemán fue impulsado por Wolfram König, presidente de la oficina federal del estado para la protección contra las radiaciones, el cual pidió a todos los doctores en medicina que colaboraran activamente en la investigación de los riesgos causados por la estación de telefonía móvil. La finalidad del estudio fue demostrar que las personas que vivían cerca de las instalaciones de la estación base tenían un mayor riesgo de enfermar por cáncer. Antes del estudio ya se manifestaron una serie de síntomas en los vecinos, que afirmaban tener problemas de insomnio y depresiones. Se recopilaron datos de los pacientes que enfermaron entre 1994 y 2004. Fueron analizados los datos de más de 1000 pacientes y se demostró que la probabilidad de que aparecieran nuevos casos de cáncer era significativamente mayor entre los pacientes que habían vivido los últimos 10 años en solares a una distancia menor de 400 metros de las antenas de la estación base que habían estado operativas desde 1993. Entre los años 1999 y 2004 el riesgo de padecer cáncer se había triplicado entre los residentes de la zona más cercana a la estación base, comparado con el riesgo de los habitantes de la zona exterior.
De forma similar, en el momento de la terminación del estudio en Deltebre se pudo concluir que el número de casos de cáncer aumentó considerablemente en los últimos 5 años de irradiación de la antena.

La autora del estudio fijó un radio de 200 metros alrededor de la antena de telefonía móvil y analizó los casos de personas enfermas por cáncer desde 1996 hasta 2008. Descartó a las personas mayores de 65 años y también a las que no habían vivido más de diez años dentro del radio analizado. Finalmente, elaboró un mapa epidemiológico con el factor de riesgo de la enfermedad y las personas afectadas. Para concluir, analizó los datos y valoró el estado de salud de la comunidad y sus necesidades.

Después de 6 años de actividad de la antena se observó que existía una diferencia estadísticamente significativa entre el número de casos en los primeros y los últimos años. Se observó que entre 2003 y 2008, es decir, los últimos cinco años de funcionamiento de la antena, el riesgo relativo de padecer un tumor maligno para los residentes afectados por las radiaciones aumentó considerablemente. Entre 1998 y 2002 el riesgo de la población afectada por cáncer se encontraba en un 3,60%; más tarde, del 2003 al 2008 se encontraba en un 12,88%. La probabilidad de padecer cáncer había aumentado un 9,28% en cinco años. Finalmente, basándose en el estudio comparativo realizado con el estudio alemán, se concluye que la antena puede ser uno de los posibles causantes del aumento del número de casos de cáncer en el barrio de Deltebre.

En el mapa de resultados que se adjunta coincide el aumento del número de casos de cáncer con los sectores de emisión de la antena.

También se realizaron encuestas a los vecinos del barrio que habían vivido allí durante los 12 años de funcionamiento de la antena, afirmando la mayoría de ellos haber sufrido un aumento de los síntomas generales de malestar relacionados con los efectos biológicos estudiados, además de un aumento en el número de casos de cáncer.

Olga manifiesta que estamos siendo ratas de laboratorio sometidas a una radiación no ionizante continua, día y noche, en la escuela, en el trabajo, con el móvil todo el día en el bolsillo, viviendo cerca de estaciones base de telefonía móvil y de muchos otros aparatos eléctricos e instalaciones que producen efectos similares al de estas, como son las líneas eléctricas de alta tensión, el Wi-Fi, el móvil, etc. Y todo ello a pesar de que actualmente ya hay muchos estudios publicados que afirman la peligrosidad de estos aparatos. Sin embargo el gobierno aún no se ha decidido a alertar a sus ciudadanos. Sólo las organizaciones no gubernamentales y las asociaciones intentan prevenir al ciudadano de estos efectos biológicos.
Estamos, manifiesta la autora, ante un estudio más que se suma al gran número de estudios publicados sobre los campos electromagnéticos que sirven para presionar al gobierno y para que la población tome conciencia del peligro que supone para su salud la radiación no ionizante a largo plazo, ya que, al igual que cuando subimos a un avión los campos electromagnéticos producidos por los dispositivos electrónicos pueden causar interferencias, también lo hacen con nuestro cuerpo aunque los síntomas se manifiesten a largo plazo.

Para conseguir la concienciación de los ciudadanos, señala la autora, el gobierno debe emprender un nuevo camino para intentar convertir estas nuevas tecnologías en tecnologías seguras que se preocupen por la salud de la población y que nos permitan avanzar pero sin perjudicar nuestra salud. Un nuevo mundo donde convivan la salud de las personas y la tecnología es posible, y por eso es necesario adoptar medidas para modificar la radiación que emiten estos dispositivos o bien aumentar las distancias de seguridad respecto a la radiación. Sin embargo, hace ya más de 20 años que vivimos expuestos a la radiación de estos dispositivos, y ya hay mucha gente que ha visto afectada su salud a causa de estos, como el caso del pueblo donde vive.

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